primavera efímera

El inicio de la primavera es todo un soplo de vida en la cara. La primera noche que bajas al perro en pantalón corto es como si de repente hubieras perdido 10 kilos. La primera vez que coges la moto con guantes de verano; el primer paseo en la playa descalzo sin que sientas frío.
Todo el tiempo que has estado hibernando desde otoño te parece ahora olvidado. La cantidad de planes que aplazaste, que tienes pendientes, que dejas para cuando acabe el invierno.
Y eso pasó, llega una nueva vida, el sol, la luz, la cerveza que sabe diferente, los escotes, las sonrisas, todo ha cambiado.
Pero esto hay que organizarlo, pero es que ahora justo ahora no hay tiempo; dame una semana, lo organizamos bien. Yo te llamo ó tú me llamas, bueno, hablamos. Y esto cómo lo voy a lanzar así, el borrador necesita más trabajo, me lo pienso, seguro que no es interesante, déjame que lo pula un poco más.
Y así van pasando los días, las noches de seis horas, las de fin de semana de diez. Y vas danzando al son de la veleta de las prioridades, desubicándote, adormeciéndote. Y la buscas pero no te acuerdas de cómo era, ni de por qué la buscabas. Y se te escapa entre los dedos, para dejar paso a la siguiente parada, la siguiente estación. Otra vez te la has perdido…

 

Pues no. Aunque efímera, todavía es primavera.

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Cuentos casuales – Ni una migaja

A través (indirectamente) de una muy buena amiga que ya tiene una edad suficiente para no ser tan absurdamente tímida, me entero de que hay un blog de cuentos casuales, donde periódicamente se propone escribir cuentos cortos con temática libre y un par de sencillas reglas. Es una cosa colaborativa abierta a todo el mundo, con lo que os animo a leerlo, que siempre tiene historias interesantes, y sobre todo a que os lancéis a escribir lo que os venga en gana, que no cobran un duro y es muy estimulante.

Comienzo por tanto con este post una serie de pequeños cuentecillos, literatura de pacotilla, originalmente publicados en el blog de cuentos casuales, y que espero que os gusten.

 

Ni una migaja

Otra noche en blanco, lo sé incluso antes de acostarme. El verano cálido y seco de Madrid no ayuda, claro. Me apoyo en el balcón, fumo otro cigarro, oigo las sirenas lejanas, no veo con claridad; la ventana, el vecino vuelve a dormirse viendo en la tele yo que sé; el balcón abierto, la cortina ondula; el toldo del quiosco abajo en la calle; la parada del autobús; el taxi que remolonea en el semáforo abierto. Hoy no dormiré, seguro. Lo reviso en mi mente, una y otra vez. Cómo surge, sólo se insinúa, ni siquiera eso, se presiente. El silencio. Inocente, aliviador incluso. Juguetón. Cómodo, apacible. Un “aja”, un “¿en serio?”, otro “mmm”. Lo tallamos, no nos gusta la forma, volvemos a empezar. Convivimos. Hasta que agobia. Dejamos de soportarlo, y lo rellenamos. Pero el relleno es irreal, artificial. Amigos. Trabajo. Espacio, mi espacio, tu espacio; nuestro silencio. Lo intentamos, qué tesón. Medalla al esfuerzo. Ja. Fin de semana romántico, ja, ja. Trucos de magia. De trileros. Pero al final la magia no existe. Qué ironía. La magia. Al final, el final. Sólo queda el silencio. De ti, ni una migaja.

Hyperloop: Tren de MUY alta velocidad a 1.200 km/h

California pretende construir un AVE San Francisco – Los Angeles, a ponerse en marcha en ¡¡2029!! Con la orografía americana, parece mentira que no se haya hecho antes, ¿verdad? Pues ayer llega Elon Musk, fundador de paypal, tesla y space x (es decir, inventor que ha revolucionado los pagos online, los coches y las operaciones espaciales, nada menos. Tengo pendientes entradas detalladas de cada uno de ellos, por cierto); el caso es que llega y nos dice a todos (sobre todo a los españoles) que estamos obsoletos.
hyperloop sketch
Musk nos pormenoriza una alternativa real con posible implementación a corto plazo: El tren de alta velocidad Hyperloop. ¿En qué consiste? Básicamente es un tubo donde se extrae el aire para crear una muy baja presión (un vacío total sería demasiado caro de mantener) y por el que circulan pequeños trenes suspendidos en un cojín de aire, y acelerados por un motor eléctrico. Algo parecido a esos que usan en los centros comerciales para transportar el dinero desde las cajas, pero a lo grande, claro. ¿Y a qué velocidad? Pues nada, para ahorrarnos las molestias de romper la barrera del sonido, nos quedamos “sólo” en unos 1200 km/h. 0,9 Mach, si eres aficionado a los aviones. 35 minutos entre San Francisco y Los Ángeles, que es poco menos que la distancia entre Madrid y Barcelona. Cómodamente sentado en tu asiento, ó bien carga tu coche en el vagón de tren, cual ferry express. Sí, también valdría para transportar carga.

¿Suena a ciencia ficción? Bueno, como el AVE hace 20 años, ¿no? Veamos los puntos clave de la tecnología:

La atmósfera de semivacío hace que el impulso necesario sea relativamente escaso, por la ausencia de rozamiento. De hecho se acelera con impulsores eléctricos situados en las estaciones, así como impulsores de refuerzo cada varias decenas de kilómetros, para recuperar lo perdido con el rozamiento.  Para frenar el mecanismo es el mismo. La energía ¿de dónde la obtenemos? Placas solares distribuidas por todo el tubo serían suficientes para suministrar toda la energía necesaria (claro que 600 km de placas son unas cuantas). Además sería necesario que las cápsulas incorporaran un compresor, operado por baterías, para mantener “pegada” la cápsula como los alerones de la fórmula 1 y que pueda conservar la velocidad.

Sería por tanto barato de mantener. Nulo aporte energético externo (salvo quizás en invierno donde habría que complementar las placas por el menor número de horas de sol) y maquinaria relativamente estándar (bombas de vacío, inductores, etc). Toda la tecnología está ya disponible.

Y en cuanto a la operación, es lo que más me maravilla, la sencillez. Para viajes de tan corta duración, las cápsulas serían pequeñas, unas treinta personas, y con unas salidas escalonadas cada dos minutos (incluso menos en las horas punta) de modo que parece que estás cogiendo el metro. Sin reservas, colas ni retrasos. Sale según se llena. Pasas el control de seguridad, cargas tus dos maletas y a viajar. Desde el centro de Madrid al de Barcelona en menos de 40 minutos. Se redefiniría el concepto de distancias.

hyperloop-tube

Y la infraestructura necesaria, sería ridícula en comparación con el ave. Al ir sobre unos pilones que podrían colocarse sobre las actuales carreteras ó lineas de tren, ahorras el principal coste: Las expropiaciones. Fácil de construir, sólo hay que vigilar que los radios de giro tienen que ser grandes, mayores que en el tren convencional, ya que a las velocidades a las que se viaja se experimentarían gravedades como en una montaña rusa (se prevén aceleraciones de hasta 1g, que no está mal).

Musk calcula un precio por billete sin subsidios, suficiente para cubrir los costes operativos y recuperar incluso en 20 años la inversión realizada,  suponiendo menos de 8 millones de pasajeros/año, de sólo 20 dolares, es decir 15 euros. De locos. Incluso aunque los costes se dispararan como sólo sabemos hacerlo en España, la rentabilidad estaría más que asegurada.

Queda muchísimo por hacer, desde luego. Musk ha sembrado sólo una semilla, y aunque no descarta realizar un prototipo que demuestre la validez de la tecnología, no puede descuidar sus otras dos revoluciones, Tesla y Space X. Está generando desde luego mucha repercusión en los medios para ser sólo una presentación. Tanto como para tener ya detractores (que por otra parte parece que no se han leído del todo su documento, digo yo). Por otro lado hay una empresa, ET3, que está proponiendo algo parecido. El futuro, desde luego, ya está aquí.

Con la excusa de la crisis y la falta de inversión, no veremos esto hasta dentro de muuuucho, pero yo creo que este tipo de transporte debería ser una realidad en veinte años ¿Qué opináis vosotros?

Manual de vacile en carretera (interruptus) para insensatos

A4, campos de castilla, rectas infames. 10h, día laborable. Poco tráfico. Tengo cincuentaytantos años, conduzco un coche familiar aburrido pero potente. Voy tranquilamente a mis 125kmh de marcador. Por la izquierda, por supuesto. Coche en la derecha, 123kmh, le adelanto. Tardo más que una pausa publicitaria de antena 3, pero vamos, que me da igual. Vaya, un coche detrás mío. No lo había visto, cuánto llevará ahí. Un alfa. Seguro que lo conduce un poligonero. Qué coñ… de prisa tendrá. Me está tocando las pelotas el niñato este. Se va a cagar. Ya he adelantado al otro coche, pero de aquí no me muevo. Vamos a ver esos huevos. 140, 160, 180. Pues no se despega. Y ahora qué. Me echo a la derecha. Y él también. Jod… estoy nervioso, no iba tan rápido desde hace ni se sabe. Aminoro. 170, 150, 130. Por fin me adelanta. Pasa a 140 y se va. Buf, qué agobio he pasado, me pongo de nuevo a mis 125 y espero que el incidente este se me olvide pronto.

Y esta, señores, es sólo una de las muuuchas razones por las que cuando te sacas el carné deberían hacerte pruebas no psicotécnicas, sino psicológicas, porque hay cada tarado por el mundo… Ya os iré relatando otras según me acuerde.
PD: señor guardia, si está leyendo esto, el alfa de detrás no era mío, era de un amigo, que me lo ha contado. Se lo juro, ¿eh? quite, quite ese radar que aquí no ha pasado nada.

Presentación

Esto no es un blog náutico. No sabría decir todavía exactamente qué es lo que es, pero seguro que no un blog nautico.

Dejadme entonces que os explique el título. En un barco, la amura es la parte más cercana a la proa (“lo de alante”). Para entendernos, las dos diagonales más cerca de la parte delantera.

¿Y por qué es importante coger las olas por amura? Bueno, básicamente no hay que cogerlas muy de lado (de través), ya que balancearíamos mucho y además si la ola es muy fuerte hay peligro de que el barco vuelque. Tampoco completamente de frente, pues el golpe (pantocazo) es violento y te quedas muy parado, además de que si la ola es fuerte podrías hundir la parte de delante (la proa) en el agua.

Coger las olas por amura tiene algo de arte, la trayectoria no es la misma en todos los casos, depende de la ola, del barco, la velocidad, si sube, baja, de la siguiente ola, de dónde está la costa, el viento. Además tienes que variarla según vas avanzando. Es algo que no se puede explicar, hay que sentirlo.

Y a estas alturas, diréis, ¿no habíamos quedado en que esto no es un blog nautico? A qué viene todo esto, coño, que no me estoy preparando el PER. Pues fácil. A explicar el título del blog:

La vida, como la ola a un barco, cuando te rompe encima, es mejor que rompa por amura.